No es el fin del mundo: es la crisis de nuestra civilización
El tiempo como engranaje cósmico El Kali Yuga y la hora decisiva de la humanidad José Manuel Fernández Outeiral Vivimos una crisis profunda, pero no terminal. Lo que se tambalea ante nuestros ojos no es el mundo en su totalidad, sino una forma de conciencia que ya no puede sostenerse a sí misma. Guerras, crisis climática, polarización social, degradación del lenguaje público, vaciamiento espiritual y una técnica que avanza con una velocidad muy superior a la madurez ética que debería guiarla configuran el paisaje de nuestro tiempo. Nunca hubo tantos medios, tanta información, tanta capacidad de transformación. Y, sin embargo, nunca fue tan difícil responder con claridad a las preguntas esenciales. El progreso material avanza. La conciencia que debería orientarlo parece rezagada. Esta contradicción no es accidental. Tampoco puede explicarse únicamente desde factores económicos o políticos. Su raíz es más profunda, más antigua y más amplia que cualquier sistema ideológico...